Demasiado bueno para ser cierto

500-days-of-summer-04[1]

Gracias Claire, por no dejar que me enamorase de ti.

Porque créeme, si me dejases yo ya estaría a las puertas de Granada (como probablemente don Quijote, o el Cid, o uno de esos) con un ramo de rosas y un puñado de canciones escritas para ti. Puedo imaginármelo: un viaje en tren o en autobús, con la sola compañía de mi guitarra, alimentando mi imaginación con la gasolina consumida en cada kilómetro, y en cada minuto pasado mi corazón añadiendo latidos a mi ya alta frecuencia cardiaca.

Y en mi imaginación puedo vernos enamorándonos, caminando por tu ciudad, que está hecha toda de piedra (al menos alguna zona así habrá, digo yo), y aunque no haya mar yo me lo invento y llegamos a un rompeolas donde siempre está anocheciendo y hay fuegos artificiales cada veinticinco minutos. Y probablemente un puesto de pizza a una distancia prudente. Porque ya que soñamos, seamos exigentes.

Pero por suerte para ti, te has topado con un perro viejo. Toda esa historia ya la he vivido. Y perdón por el spoiler, pero no acaba bien.

Voy a ahorrarme toda la retahíla de posibles escenarios en los que esto no tiene un final feliz, para ahorrarnos espacio y tiempo (es una referencia a la Física con mayúsculas, perdón por el chiste malo, tú me entiendes).

Lo que cuenta es que, y es duro de admitir, hay algunos amores que están ahí, que sabemos que con sólo quererlo un poquito pueden florecer y expandirse más rápido que el Universo (porque se expande rápido… ¿no?). Todos tenemos a una persona en nuestra cabeza. Esa persona que, tal vez, a lo mejor, si le hablásemos y de algún modo, de alguna manera quizá, si los astros se alineasen, y yo le gustase…

No. No va a pasar. Los amores platónicos no son meramente una forma de hablar. Son algo que está a la orden del día. Desde la chica que ves en el autobús hasta el chico que tocaba el bajo en aquel festival. Siempre hay una persona que potencialmente puede hacerte feliz. A veces, a la vuelta de la esquina, aparece alguien que puede cambiarte la vida de un día para otro. Y la triste verdad es: tenemos que aprender a aceptar que no todos van a hacerlo.

Así que gracias Claire, por no dejar que este perro viejo usase alguno de sus viejos trucos. Ambos sabemos como acabaría. Y… no sé. Algunas historias viven mejor en la imaginación.

PD: Y no olvides olvidar de vez en cuando todo lo que he dicho antes. La vida, y especialmente el amor, están hechos para hacer locuras. Haz alguna de vez en cuando. Porque como mínimo te hará sentir viva otra vez. En cuanto a mí… necesito recargar mis baterías durante un tiempo. He hecho demasiados kilómetros en el último viaje. Pero tranquila: volveré.

Anuncios