Cómo desaparecer por completo

b75f2600245d11aef1d20b31b8d6c51c

Quien dijera que el alma no existe, es que no estaba prestando atención. Yo, por ejemplo, en momentos de silencio, me pongo a mirar por la ventana y mi alma se va volando con mi mirada. Me transformo en tejado, y soy el espacio entre la lluvia y la gente resguardada a salvo dentro de su casa. Me transformo en farola, y al anochecer ilumino el paseo de una pareja que, cogida de la mano, vagabundea sin un destino fijo. Si me esfuerzo, puedo convertirme en alguien que está tomando algo en la terraza del bar que acaba de abrir; o incluso en un niño, que los viernes por la noche juega en la plaza deseando que la diversión no se termine nunca.

Puedo hacer todas estas cosas, transmutarme en lo que quiera que en ese momento me haga olvidar quién soy, cuáles son mis preocupaciones y si voy a poder hacer las cosas que tengo que hacer o no. Si pienso detenidamente en ello, a veces me da la impresión de que eso es todo lo que hago. Mi mente va de un estado de distracción a otro de alarma como quien pulsa el interruptor de la luz. La televisión, internet, el móvil; son como magos que hacen que centres tu atención en una mano mientras con la otra realizan su truco. Funciona la mayoría de las veces.

Presionando el botón, llego al otro lado del espectro. Fruto de muchos días de desesperación, he logrado compilar en una guía todo lo que uno desea saber en dichos momentos de preocupación máxima. La he llamado, a falta de un título mejor, “Cómo desaparecer por completo”.

5d9de0aaf39c321a1096d989ba8f15b4[1].png

Paso 1. En mis experimentos, me he dado cuenta de que las redes sociales pueden ser como un virus. Y además son un virus que se alimenta del recurso inagotable que poseemos todos: la esperanza. Esperanza por no estar solos, que nos entiendan, que nos escuchen, que nos valoren. Incontables veces he subido a Instagram una foto por el solo hecho de tener un mal día y querer alimentar mi ego con unos likes que nunca son suficientes. Por no hablar de los ridículos intentos de conectar con algún desconocido, a ver si congeniamos, a ver si es la persona que salvará este día de absoluta miseria. Si sale bien, no será el caso. Si sale mal, se creará una ilusión de que en efecto he encontrado a quien buscaba, para que al final acabe por descubrir que me estaba autoengañando, o que la otra persona no guardaba la misma opinión hacia mí. Así que, primero, desaparecer de internet.

Paso 2. Pero no es internet todo lo que reluce. También está el whatsapp, esa slot machine de la que tiramos de la palanca cada vez que desbloqueamos el móvil para ver qué nos ha tocado. Tal vez nos haya hablado la persona que nos gusta. O tal vez esa notificación sea de uno de esos grupos que nos dan igual. Para desaparecer de whatsapp, es indispensable avisar primero a la gente que nos importa o con quien tengamos ciertos compromisos, con el fin de evitar situaciones embarazosas. Llamar por teléfono no es tan malo como pensamos.

tumblr_obubabmuau1r6xg0co1_500

Paso 3. Si la cosa se agrava, hay que recurrir a la tercera fase. Hay días en los que no me apetece ver a nadie, quizá hasta sea preferible encerrarse en casa para eludir encontronazos. Ese tipo de días suelo convocar al mago de la distracción para entretenerme. Pero por mucho que baraje sus cartas, siempre estoy atento a sus manos. Siempre conozco el truco. Por eso, el paso 3 exige medidas más drásticas. No ir a clase, faltar a un compromiso, o incluso dejar plantado a alguien sin aviso previo. La tierra nos habrá tragado si llegamos a este nivel. Pero todavía pueden verse indicios de dónde hemos sido enterrados, y por tanto de dónde pueden encontrarnos. Por ello existe la última medida, la más extrema, pero también la más efectiva.

Paso 4. Tal vez esté influenciado por las películas; tal vez el romanticismo y la imaginación me hagan exagerar; el caso es que, según mis experimentos, si uno de verdad quiere desaparecer por completo, debe irse del país. No estoy diciendo que haya que cambiarse de nombre, irse a otro continente y hacerse la cirugía estética. No somos criminales (al menos espero que ningún lector lo sea). Queremos construir una nueva vida de cero, en un lugar tan desconocido para nosotros como nosotros para él. Sin internet, sin teléfono móvil, y sin la proximidad de la gente que nos conoce, podremos ser al fin fantasmas vivientes que vagan la Tierra en busca de un nuevo hogar. Hoy en día, es más fácil que nunca.

moscow_1982_train_station_waiting_on_platform

Al final, todo vuelve a la cuestión del alma. Podemos huir, podemos escondernos. Podemos alimentar nuestra esperanza con mejores cosas que un like o una conversación banal a las 2 de la mañana. Podemos transformarnos en un avión que despega y se va lejos, tan lejos que la vista no alcanzaría a vernos desde el suelo y subiríamos hasta la estratosfera y hasta la Luna y Marte y Plutón y en la Tierra dejaríamos atrás al fantasma de quien una vez fuimos en las bocas de las reuniones de amigos y en sus más profundos sueños, velados por sus propios fantasmas que les persiguen en pesadillas y en callejones oscuros despojados de iluminación eléctrica que alumbre sus paseos en pareja.

Anuncios