Lo que me dijo alguien cuando le pregunté por el sentido de la vida

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Desde el momento en que pronunció las palabras “listen, kid” sabía que estaba a punto de soltarme uno de sus discursos. Siempre, siempre hacía lo mismo. Si es que ya no le podía contar mis problemas, porque cada vez que me desahogaba hacía lo mismo. Puedo recitarte lo que me dijo, si te pica la curiosidad; siempre grabo nuestras conversaciones porque a veces le da por soltar algo inteligente con el potencial de serme útil en el futuro. Mira, me dijo:

“No me vengas con que la vida es imposible vivirla sin tener un sentido para ella. Maldita sea, mira a los animales, ¿acaso crees que miran preocupados a las estrellas y se angustian por si el otro animal habló mal de él después de tener sexo? Pues spoiler alert, no lo hacen. Tan sólo follan para reproducirse y continuar su especie. ¿Y sabes qué hacen luego? Van al McDonald’s, se piden la hamburguesa más grande que hay disponible y se echan una siesta. Así es como funciona el mundo. Es que no lo entiendes, tienes una pregunta que no tiene respuesta porque la misma pregunta está mal formulada, no cabe en la razón. ¿Qué sentido tiene la vida? Es como preguntar: ¿dónde está la llave de la silla?

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Mira, para que lo entiendas, empecemos por hablar de lo que sabemos, en lugar de comernos el coco con lo que no. Hemos nacido porque nuestros padres, en un acto de negligencia, lo hicieron sin protección y 9 meses más tarde aquí estamos. No vinimos con un manual de instrucciones, ni un mapa ni una brújula. Simplemente llegamos. Y te preocupas porque no sabes a dónde has de ir. Bueno, empieza por darte cuenta de lo obvio: estás aquí. Y eso es un milagro tan grande que si te parases a pensar en él te empezarías a marear. Así que no lo hagas. Pero primero, sé consciente de esto: estás aquí.

Vale, ahora que sabemos que estamos aquí, vamos a responder a otra de esas grandes preguntas: ¿de dónde venimos? La respuesta también es muy obvia, pero no nos damos cuenta porque no queremos. Piensa: ¿qué te hace sentir el mes de octubre? ¿Qué sientes cuando paseas por las calles mojadas, ves un atardecer con el cielo despejado y el rosa mezclado con el azul te transportan a aquel año en el instituto en el que fuiste tan feliz? ¿Y qué me dices de los libros de Harry Potter, los spaghetti con boloñesa, ese peluche de una serpiente que todavía tienes en tu habitación, o la voz de tu abuela? Todo este tiempo, me dices, crees que no has hecho nada con tu vida. Y sin embargo hay un millón de cosas que despiertan recuerdos, experiencias. Es de ahí de donde venimos.

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¿Y a dónde vamos? Eso sólo depende de ti. No depende de Dios, ni de tus padres, ni de ningún político. Al final la única responsabilidad es tuya y sólo tuya. ¿Quieres tener una vida de mierda? Pues sigue como hasta ahora, en la cama, perdiendo el tiempo con estas preguntas. Puedes escoger malgastar el tiempo que tienes con estas preocupaciones tan estúpidas que cualquier animal se reiría de ti. Oh, y no te engañes. No escoger es lo mismo que escoger. ¿Empiezas a sentir miedo? Bien. Porque debes tenerlo. La vida da miedo. Por eso hay gente que sale a correr todos los días, gente que hace una dieta porque quiere encontrar el amor de su vida; gente que trabaja de sol a sol porque tiene un hijo con síndrome de Down en casa y si no lo da todo en el trabajo no podrá mantenerlo; gente que, a pesar de todas las patadas en los huevos que le da la vida, se levanta un día más porque un día más es un regalo y no aceptarlo, no saber ver que estás aquí y que si estás aquí es porque ya has caminado y es tu maldito deber dar las gracias y levantarte de la cama y salir a encontrar lo que buscas es desperdiciar una oportunidad que nos ocurre sólo una vez en el infinito tiempo del universo.

Y hablando del universo, ¿sabes cómo terminará todo esto, verdad? Llegará un día en que el Sol se muera y se trague a la Tierra. A lo mejor la Humanidad ya se ha mudado a alguna otra galaxia, a salvo. Pero algún día, dentro de miles de millones de años, todas las estrellas se apagarán, el universo entero será oscuridad, y los agujeros negros acabarán tragándoselo todo: la música de Beethoven, los libros de Robert Louis Stevenson, el cine mudo y el sonoro también, la historia, el odio, el amor, la vergüenza que sentiste aquella vez cuando te caíste por las escaleras en el metro y nadie más que tú se acuerda… y todo esto será para nada. Pero no es ahí a donde vamos tú y yo. Mañana no existe. Estás aquí, recuerda. No me preguntes cuál es el sentido de la vida, porque no lo hay. ¿Hemos aprendido algo de todo esto, hay alguna lección que sacar de este monólogo? No me lo preguntes porque no lo sé. Pero, sobre todo, no me preguntes a mí porque soy tú”.

Ah, habrás notado que esa era mi voz. Menudo plot twist, ¿eh, kid?

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